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PROYECTO

El Volumen / la Fachada:

¿Y si se trabajase la arquitectura en tanto volumen [M3] tendría aún sentido la fachada? Cuando Herzog & De Meuron afirman: -“No hacemos fachadas” ¿qué les ha conducido a abandonar ésa noción de privilegiar una porción de superficie proyectada a partir de la cual se subordina una producción arquitectónica dada? Como si ésta parcialidad que es a menudo una proyección última se volcara sobre el resto del proyecto y se lo atribuyera como derivado de ella, como emanado de ella, proyectado e inferido a partir de ella.

No nos ha sido ya imposible pasar por alto estas condiciones en las que la práctica de la arquitectura procede de manera trascendente, tornando primeramente una variación [ xn ] del espacio en la unidad, a la que posteriormente hay que añadir un suplemento que lo conquiste: 1 + xc, donde el proyecto queda expresado mediante la unidad, es decir ya dado como valor mínimo entero al que no obstante se le impone siempre un valor forzoso, invariablemente variable que convierte lo variado en unidad y lo “completa”, una constante que adopta cualquier valor formal pero que al final – y en principio! – ha de atribuirse una completud.

 

¡Qué diferente es trabajar en una concepción espacial distinta cuya única constante es en sí misma variación sin unidad ni complemento, es decir: volumen! Aquí se oponemos a ésa trascendencia coercitiva y sobrecodificada una práctica inmanente cuya resultante no privilegia una porción sino un conjunto, no una intensión zonificada sino una extensión intensa. Primero porque no existe unidad de base, el volumen es ya de por sí multidimensional, incluso aún bajo el principio de sus 3 ejes constitutivos al considerar una geometría ya no abstracta sino en la escala de lo social le es ya inmanente un espacio de n dimensiones: [M3] ® [Mn].

 

Así el volumen sólo puede operarse sobre el volumen mismo, nada se le impone de afuera como condición de posibilidad, sino que va poblando todo aquello que recorre en función de fuerzas que recoge para propulsarse y metamorfosearse, cambiar de dimensiones y naturaleza según su multiplicidad. No hay fachada, nada qué disimular, inferir, encubrir o enmascarar, es sólo el espacio devenido en simple volumen que se presenta en toda su plenitud.

Ahora bien, la preocupación por la fachada, la obsesión por una apariencia externa “aceptable” y personalizada de las arquitecturas no sería posible si no existiese antes un sistema de creencias dominantes que le tendiera un suelo. La creencia y la subjetividad que lo compone es siempre del orden de la convención, de lo con-sabido (como decía Nietzsche), es por ello que es pura redundancia [formal]. No por ello el valor agregado de las fachadas se reduce al régimen de las semejanzas, actuando todavía en el nivel de las identidades en las que toda diferencia se ahoga en el relativismo.

1. Predio: considerado en extensión exclusiva sin afectación de factores heterogéneos;

2. Zonificación: requerimientos del cliente que ejercen una departamentalización virtual;

3. Programa: “traducción” de requerimientos en formación de materias y formalización de funciones; 4. Levantamiento: Elevación resultante de los componentes arquitectónicos proyectados a partir de la planta y; 5. Fachada: privilegio en el tratamiento “estilísitico” o decorativo de una proyección representativa.

La Representación:

Ahora bien, la preocupación por la fachada, la obsesión por una apariencia externa “aceptable” y personalizada de las arquitecturas no sería posible si no existiese antes un sistema de creencias dominantes que le tendiera un suelo. La creencia y la subjetividad que lo compone es siempre del orden de la convención, de lo con-sabido (como decía Nietzsche), es por ello que es pura redundancia [formal]. No por ello el valor agregado de las fachadas se reduce al régimen de las semejanzas, actuando todavía en el nivel de las identidades en las que toda diferencia se ahoga en el relativismo.

 

Hay que distinguir por tanto a aquellos que trabajan sobre la arquitectura de aquellos que trabajan sobre una imagen de la arquitectura, que subvierte la arquitectura en imagen…¡Qué importante es más que nunca una arquitectura sin imagen! Pues qué sentido tiene contentarse con una imagen “superior”, mero significante o rostridad divina, presentado como término eminente que desplaza la producción y funge como su soberano representando a aquella ante un teatro metaforizado (deux ex machina) y ofrecido al “libre” tribunal del juicio?

 

Es por tanto que se vuelve necesario llevar una práctica de la arquitectura al margen de ésa teatralidad de la representación, pues la producción (el proyecto) se PRESENTA sin intermediarios, lleva a cabo sus propios acuerdos y desacuerdos con el campo que la registra sin representantes ni apoderados. Presenta su propios regímenes de signos que le son pertinentes y responde ante sus propias condiciones de existencia.

El problema, la investigación:

Tratándose de tales condiciones, es preciso hacer algo que a los arquitectos no se les da muy bien: problematizar. Pues si se parte tan solo de la necesidad se está evadiendo una actividad sumamente relevante en el ejercicio de la arquitectura, el diseño, entre otras. Tradicionalmente persiste una práctica como etapa inicial del proyecto que resulta todavía muy arraigada en el academicismo y que constituye su sustento mal llamado teórico: la investigación.

 

Y es que ésta última ha sido permeada con gran abuso por una especie de inmunopedagogía en la que todo proyecto en primera instancia hay que considerarlo como a un enfermo, algo de lo cual se sospecha no se halla en un estado ideal de salubridad. Hemos identificado al menos tres movimientos en los que opera la práctica generalizada de la investigación.

Pero algo muy distinto ocurre cuando se plantean verdaderos problemas, esto es emitir pequeñas contingencias que no pasan por la carencia ni la necesidad, menos aún por ése hegelianismo medicinal que normaliza las decisiones y reduce la investigación a un cuadro patológico. Plantear problemas (un concepto remite a problemas) desde un grado 0, sin eje referencial originario y sin norma política como coordenadas implica desde ya una serie de consideraciones. Y evitando devenir español incluso el método (y menos aún las metodologías) no sobrevive.

 

¿Por qué para crear, para producir algo sería necesario seguir un sólo camino para todos los pasos, para todo aquello que pasa, desestimando cualquier desvío en su paso? Más allá de que un supuesto camino universal preexista o se construya, siempre se privilegia el camino sobre aquello que pasa por él. Contrario al camino, el trayecto se con-funde con aquello que pasa, es un flujo que no reconoce mas que su propio impulso de la trayectoria que actualiza en cada instante. Y esto no quiere decir que se halle libre de obstáculos, sino que lo que le va saliendo al paso exige que la trayectoria cambie, adquiera compostura con ellos y una nueva consistencia. Éstos son los problemas que no resuelven partiendo de la carencia sino que comportan movimientos entre movimiento y que producen choques y provocan luchas de fuerzas son los que nos interesan.

-“So I´d say that the thing that links all the projects is that there´s an analysis of the problem of the project and to make that problem, - and when I say problem I mean something that we´re looking at something we´re pushing -, something we´re investigating have that problem become a central feature of the building and try to make that problem rise as the primary thing that you read primarily in the architecture, to not make a collage building but to try to make a building with integrity, that you know it´s all working on this problem” - 

 

Charles Renfro

1.Categorías epistemológicas: se toma un fenómeno espacial simple o complejo, se lo divide en aspectos disciplinares que se reagrupan bajo formas de saber, estratos o capas de saberes.

2. Significante: surge una forma ideal entre las capas que establece una relación contemplativa a la vez que instaura una ley despótica que rige los movimientos entre las capas y sus componentes.

3. Diagnóstico: la pieza fundamental-significante actúa como eje referencial a partir del cual las dificultades específicas aparecen como síntomas, anomalías o anormalidades con respecto a la norma-significante cuya saludable distinción y separación de aquellos signos forma inmediatamente un vacío, un hueco, una carencia, algo que falta y cuyo nombre es la necesidad.

La Pragmática:

Una vez que el diseño es expulsado de la arquitectura es como ésta mejor funciona, FUNCIONA,…FUNCIONA!!!

 

Preguntad a un arquitecto cómo luce, cómo se ve tal o cual edificio, tal obra o tal proyecto y aquél se regodeará en descripciones más o menos elaboradas. Pero tomad al mismo personaje y preguntadle: ¿Cómo funciona tal edificio, tal arquitectura, tal espacio? Y notaréis con desdén en su mirada y con desconcierto cómo le asalta el silencio.

 

Cuando hablamos de pragmática y no de método en el ejercicio de una arquitectura no es sólo un aspecto “funcional” del proyecto, no hay tampoco que confundir lo pragmático con algo “práctico” cuya aprobación deriva de una simple fórmula aplicada. Siendo que el espacio es un campo de acciones, atravesado por flujos, él mismo un flujo entre otros, hay por lo menos dos maneras de concebir “funciones” en la arquitectura.

 

¿Qué y cómo incluye un espacio con lo que funciona? Ésta es la pregunta que responde una arquitectura-forma, significante, rostrificante y estratificada ya que sugiere un funcionamiento general precedente que sólo adapta según grados de compatibilidad aquello que puede integrar. Ahora bien, reformulemos: ¿cómo funciona un espacio con aquello que incluye? ésta pregunta responde en cambio a una arquitectura-acto, reivindicando a la arquitectura como actividad asignificante, diagramática y afectiva, donde no existe un funcionamiento general preexistente, sino funcionamientos distribuidos en relación a las conexiones entre materias que se establecen al momento de su inclusión.

 

En ello existe una naturaleza estratégica que se desenvuelve en todo el espesor de la producción, no distingue entre el proyecto y el edificio, entre el diseño y la obra, entre lo producible y lo producido. A cada acto que funciona con otro acto, se halla desde ya en una reacción ante otra reacción (Foucault). Se está en un espacio reactivo, cada componente produce en relación con otro algo sintético, en favor de un conjunto arquitectónico radioactivo.

El programa:

Dado que lo que nos interesa es cómo funciona el espacio aún cuando exista algo no “arquitectónico” en él, nos interesa también cómo aquello “no arquitectónico” puede realizarse en la arquitectura. Por lo que a veces se hace necesario un escape, una fuga del espacio respecto a la arquitectura, descomponiéndola o demoliéndola. Se sale de la arquitectura por el espacio se dirá, entonces componed un territorio nuevo y arrastrad a la arquitectura a un límite otro.

 

Para tal empresa, al igual que la literatura, la música o la cinematografía, es también menester desprenderse de nociones concentracionistas como el género, la tipología, la temática y hasta la narrativa. Pues hablando de la arquitectura como una práctica compuesta, heterogénea, en el espacio ¿no es acaso susceptible de producir ciertas continuidades entre movimientos, acciones o actividades, de construir verdaderas series de acontecimientos?

 

Hasta el momento todo ello: movimientos, trayectorias, acciones, funciones, estrategias, no son formas puesto que no son de una naturaleza formal y, sin embargo la arquitectura, un edificio, no carecen de forma. Habría que decir primero, que tales categorías no-formales pasan todo el tiempo entre las formas pero difieren de ellas, resultan irreductibles a ellas pero se efectúan en ellas. Segundo que no tienen como límite componer formas o figuras, sin embargo constituyen con elementos corporales composiciones espacio-temporales, conjuntos programáticos.

 

Un programa siempre es mixto, pero ¿qué programa? ¿Qué es lo que (se) programa? Un verdadero programa en la arquitectura no consiste en definir recintos o formar y reformar materias espaciales para disponerlas según órdenes distributivos aceptados o fijar funciones formalizadas por convención, sino combinar series de intensidades, líneas de coproducción: -“Mary, huesos, cremación, investigar, probar”- (T. Miyazaki) componer bloques de actividades-espacio temporales cuyas mezclas y encuentros no están subordinados a ellos. Lo performativo sobre lo preformativo.